lunes, 26 de agosto de 2013

Circomística de Angélica Murillo: Malabares con palabras


La multiplicación tiene una regla: el orden de los factores no altera el producto, digo esto, porque este el primer libro de la escritora Angélica Murillo, aunque sea el tercero que publica, recién hoy, este libro es presentado para que los lectores empiecen a consumirlo y devorarlo, sin embargo, es un bebé que cuenta ya con trece años de edad.
Yo conocí a Angélica mientras gestaba a esta criatura y conocí a su bebé en ciernes, recuerdo la admiración que me produjeron su talento y empeño. Angélica, no es solo una amiga para mí, es un modelo. Su poesía me ha parecido siempre fresca, fascinante en tanto poco íntima y confesional, la pluralidad o esquizofrenia de los yo a partir de los cuales enuncia o articula su voz, me han resultado siempre paradigmáticos.
Pido disculpas por desviarme del tema, lo que quiero decir es que, aunque no puedo afirmar que Angélica o mi persona seamos las mismas mujeres que bajaron al río hace trece años, ya lo dijo Heráclito, y a pesar de que,  tampoco puedo leer este libro con los ojos de la muchacha que fui, cuando  veo a este  niño me sorprende notar que sus ojos no han cambiado, el tiempo no ha afectado la calidad de este texto.  El tiempo me ha golpeado a mí, probablemente, a Angélica también, aunque no lo parezca, ¡claro!, sin embargo, esta criatura, este libro llamado Circomística, mantiene su mirada intacta, idéntica, hoy es mi mirada la que recibe diferentes sentidos, nuevos rasgos, que antes no podría haber leído,  no porque no estuvieran ahí, simplemente, porque la vida no me habría permitido notarlos. Uno ve lo que puede comprender y esa capacidad de comprensión y entendimiento, además de ser limitada en cada uno de nosotros, es individual, es decir, cuando ustedes compren el libro y lo lean, probablemente se pregunten ¿Cómo yo no vi tal o cuál o relación?, pero ese es el camino que se abre ante ustedes y ese camino que ustedes ven tan claro, para mí estará vedado, sino para siempre, sí, al menos, hasta que la vida me lleve a transitarlo. 
Ahora quisiera detenerme un poco en el nombre de este libro, que es una palabra compuesta y un neologismo: dos palabras que se unen para procrear un nuevo vocablo. Veamos de forma separada el significado de estas dos palabras.  El diccionario de la RAE nos da nueve acepciones para la palabra circo, voy a leer siete de ellas: Circo (Del lat. circus). 1. m. Edificio o recinto cubierto por una carpa, con gradería para los espectadores, que tiene en medio una o varias pistas donde actúan malabaristas, payasos, equilibristas, animales amaestrados, etc. 2. m. Este mismo espectáculo. 3. m. Conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de este espectáculo. 4. m. Conjunto de asientos puestos en cierto orden para los que van de oficio o convidados a asistir a alguna función. 5. m. Conjunto de las personas que ocupan estos asientos. 6. m. Lugar destinado entre los antiguos romanos para algunos espectáculos, especialmente para la carrera de carros o caballos. 9. m. coloq. Confusión, desorden, caos. Con respecto a la palabra mística la RAE ofrece tres acepciones, que les voy a leer: Mística (Del lat. Mystĭca). 1. f. Parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus. 2. f. Experiencia de lo divino. 3. f. Expresión literaria de esta experiencia.
La circomística vendría a ser entonces, si les parece, la expresión literaria de la experiencia divina encerrada en el espacio circense. Ahora bien, la palabra circo es claramente y en todas sus acepciones masculina, mientras que la palabra mística es en todas sus acepciones femenina, en la unión de estas dos palabras, hay algo más que la unión de dos palabras. Se unen las miradas, las formas de entender y narrar desde dos principios: el masculino y el femenino. Así como el circo es un espectáculo que mezcla o convoca a diferentes artistas, la circomística es también un espacio de confluencias, un espacio donde se dan cita varias visiones de mundo y de poesía, aunque la poesía sea, en realidad, solo otra forma de entender y de vivir la vida.
La poesía y no el circo nos convocan esta noche para celebrar que hay un nuevo libro en las páginas de la historia, que una joven voz se abre paso en un coro universal.  Ahora sí, entraré de lleno en el la materia que nos convoca esta noche y  realizaré un recorrido por todo el poemario para compartir con ustedes mi lectura.
El libro se divide en cuatro partes, cuatro. Esto podría significar algo o no, en lo personal, siempre he pensado que un autor no utiliza el escalpelo de manera aleatoria o antojadiza, creo que esta disección quiere decir algo, llamar la atención sobre algo, entonces, veamos qué significa el número cuatro. Chevalier nos dice que las significaciones simbólicas del cuatro dependen del cuadrado y de la cruz. El cuatro es, por tanto, símbolo de universalidad y plenitud, pues la tierra está dividida por un meridiano y un paralelo en cuatro sectores. Son cuatro los puntos cardinales, los vientos, los pilares del universo, las fases de la luna, las estaciones, los elementos, los humores, los brazos de la cruz. La vida humana se divide en cuatro colinas: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. El número cuatro, representa a la Tierra y al igual que ella no crea, sino que contiene la creación. El libro está ahí extenso y abierto para que caminemos sobre él y juguemos a demiurgos creando sentidos y relaciones,  para que seamos espectadores activos de este texto que hoy se abre ante nuestros ojos.
La primera parte del libro se compone de cuatro poemas: “La orquesta”,  “El maestro de ceremonias”, “El mago” y “El trapecista”. Estos cuatro poemas parecen apuntar a una dirección y a un color, ya se ha dicho que el Norte se viste de negro, para allá parece llevarnos la autora, a un norte que ofrece un sentido, un segmento del circo.
La orquesta se impone como el primer elemento circense que la autora revela, el circo es su música, en alguna medida, claro, y es esa particular orquesta la que anima y predispone nuestro juicio para observar el acto que se ejecutará en escena, en este caso, la orquesta pretende revelarnos un secreto, o más bien,  nos lanza una advertencia: el circo es una cárcel “ese antro donde el duende nos tiene presos”.  La música es un augurio que el mismo circo devora, atraídos como las ratas por el flautista, vamos en pos de una música que crece en confusión y termina devorada en esa jaula a la que entramos, tal vez, nuestra existencia tenga el mismo propósito o destino.
El segundo poema “El Maestro de Ceremonias” hace directa alusión a los cuatro puntos cardinales, recordemos que estamos en el primero de ellos, en el norte, en el punto más negro. Esta figura se anuncia como una suerte de guardián, el guardián de los muertos que alguna vez visitaron el circo: “Eres un bastón en el ático/ del tiempo/inútil vigilante de no sé/ qué tumba”. Este maestro de ceremonias atemporal, eterno, es quien guarda en sus ojos las sillas, ahora vacías.
El tercer elemento: “El Mago”, ilusionista que nos permite volver a la infancia, la infancia que es un refugio para esconderse de la muerte, una butaca, cronotopo que permite mantener la esperanza.
El cuarto y último elemento de esta primera etapa es  “El trapecista”, oscuro y asfaltado, el negro sigue reinando al norte de nuestra existencia, el trapecista es una “araña que va/ viene/ sube/ baja”. El trapecista realiza cuatro movimientos, se mueve en cuatro direcciones, permanece en cuatro estancias: “Cuatro veces pasó/ el gatopardo/ crispó sus uñas afiladas,/ su luna/ tejida de asfalto.” El trapecista también fue consumido, mientras el sádico trapecio ríe y la niña llora. Los dos extremos vida/muerte, risa/llanto. Síntesis de la vida, del circo y las criaturas que lo conforman y lo observan.
La segunda parte del libro empieza con la figura de “El Arquero”, de acuerdo con Chevalier: “el arquero es el símbolo del hombre que apunta a alguna cosa y que ya, en cierto modo, la alcanza en efigie...”.  Este arquero apunta hacia al lector: “Y esta flecha que cruza/ -no sé de dónde-/ hoy halló tu carne/ su verdadero blanco”. El punto cardinal que parece orientarnos ahora es el sur, al que se le adjudica el color rojo, la sangre que ahora nos baña. El sur es para los náhuatl el lado de las espinas, acá la flecha que recién recibimos.
El segundo elemento es “El Titiritero”, este poema se fragmenta en tres partes. La primera presenta a este hijo animado por un brazo: “sé que mi brazo/es la madre que esparce/ el aliento entre sus hilos”. En la segunda el títere es un doble “De pronto su furia me rompe las manos”. La dualidad del artista creador y verdugo de su obra. Esclavo y amo de su arte. La tercera parte concluye o resuelve a favor de quien mueve la mano “No lo olvides/ marioneta:/ Eres monedero de este hilo/ aliento/ entre el aliento que  se quema”.  
El tercer elemento “Femina Circus” una suerte de bailarina que se mueve entre los extremos del circo: vida/ muerte. Mujer objeto, casi títere. Esclava, como todos, del absurdo: “Y no existe/ el pájaro animal/ libre/ que buscabas”.
El cuarto poema “Ideograma de los Siameses”, muestra a la figura de un juez, un observador, un delator que espera con ansias el momento de hablar y condenar.  De nuevo parece retratar al artista y su obra, esa relación de víctima y verdugo que entre ambos se establece. “Pero un día–o una noche cualquiera–/ como un fragmento/ de luz desconocido/ sabrás que yo soy/ el vínculo vital que te condena”. Esta relación siamesa entre un autor y su criatura que no da espacio al bisturí, que es irrevocable y que los hace uno: fenómeno social, atracción circense.
El quinto y último poema de esta segunda parte se presenta bajo la figura de “El domador”. Este personaje se acerca al primero de esta parte “El arquero” en tanto que “poseer es domeñar”, tanto el arquero como el domador logran someter a la fiera que, en parte, es una extensión de sí mismos. El domador no teme al bravo león, porque sabe, que el león también entiende que la jaula es la misma, sin necesidad de mediadores, ambos juegan el juego y cumplen con un rol preestablecido,  el látigo del tiempo, es el único que impera para todos y la muerte es la jaula irrenunciable que siempre nos asecha. Este último poema también alude al rojo, pero hemos salido del sur, ahora no sé hacia dónde.
La tercera parte se enmarca como un intermedio, es decir, una pausa para el circo, pero no para el espectador. El primer poema: “Excursión circense al puerto”  parece llevarnos a un nuevo destino, ¿hacia dónde gira esta vez la brújula?  Pues parece que al Este,  el payaso y el mar protagonizan esta excursión. El payaso, figura central del circo, se muestra fuera de la carpa, prófugo de una realidad que quiere anclarlo, pero logra escapar, al menos, temporalmente: “y hoy,/ un día como ayer/ también vira la barca/ ocultando al prófugo de los mapas”.  
El segundo poema de esta tercera parte “Monólogo de las cosas inverosímiles (En una maleta a la orilla de una playa)”.  Parece que arroja un poco de esperanza, no en vano, el Este es el punto cardinal donde sale el sol, sin embargo es tenue, casi gratuita  como “Un imaginario tajamar”. La vida nos consume, pero aún “Quedan las algas, la espuma/ la acuática polilla”.
El tercer y último poema de esta tercera parte, de este intermedio, que nos deja salir de la carpa, pero nos obliga a volver para el final, se titula “Siete maneras de crear un circo”.
El poema se divide en siete partes, lo cual parece proponer una analogía con el relato de la creación de la tradición judeo-cristiana narrada en la Biblia, esto porque también se desarrolla en siete momentos o días.
El primero de estos escenarios para la creación del circo está constituido por  “Un Poeta”, al igual que en el mito judeocristiano, la palabra, en este caso quien la enuncia, protagoniza el principio de la cosmogenesis.  El poeta es concebido como el creador, quien da origen al mundo circense, al menos, al mundo circense propuesto en este texto es el “verbo insondable donde el verso/ acaba”.
La segunda representación en este orden es “El Bufón” figura destinada a la risa, se presenta para enunciar una interrogante: “¿Quién da saltos en la cuerda floja?”. Pregunta abierta que cada lector deberá responder o responderse, mejor.
La tercera efigie en esta cosmogonía es un saltimbanqui, elemento que también parece condenado a un destino: “En el centro o en la orilla/ en la tierra o en el agua/ De su eje no se escapa”.  
La cuarta imagen de esta génesis se contrapone, al menos conceptualmente a las anteriores: “Un pesimista” se anuncia con redoble de tambor y termina con su profecía autocumplida, entra temiendo lo peor y cae, en su momento de gloria, durante su número.
La quinta figura de esta creación corresponde a “Un Vengador”  quien nos lanza un nuevo acertijo: “¿Dónde/ la garganta falaz/ o el puñal de la furia?” La venganza se ejerce con la palabra (garganta falaz) o con el hierro afilado (el puñal de la furia), pero acá cuál es la pregunta: ¿dónde está esa furia? O ¿dónde están esas armas? O ¿dónde aplican la voz o el cuchillo de la venganza?
La sexta representación de este mundo resuena en la primera: Un Eco: “mientras…entras/ mueres…eres”. Sin duda el juego de palabras y la onomatopeya resultan inquietantes, hay que entrar al circo y hay que morir para ser, eso, al menos, es lo que canta el eco”.
La última figura en este orden, se relaciona con el descanso bíblico del sétimo día: “El Silencio” la carpa dormida es la última versión de esta cosmogonía, es la última imagen de su creación, su esencia final.
Ahora, irremediablemente el Oeste, el cuarto y último punto cardinal, el trayecto que cierra el libro, esta cruz mística envuelta en una carpa. En esta parte el primer poema nos remite a una figura muy importante del circo “El Espectador”  la metáfora: “Y el insecto ofrenda sus membranas a la llama/ aun sabiendo que un golpe de su dedo/ le mutila” encierra, en mi opinión, el papel que cumple el espectador, el circo, el arte, la vida, la poesía, cárceles que fingen abrir sus puertas, terminan consumiéndonos, pero, igual corremos hacia a ellas.
El segundo poema presenta a “El hombre bala”, esta figura es más una estela: “Es materia luminosa que no se desplaza” es el resplandor de su propia marca, la sospecha de que se mueve, más que la certeza de la imposibilidad de que se mueve. Un poco la sospecha de que vivimos, más que la certeza de que cada día caminamos hacia nuestra propia muerte.
El segundo poema de esta parte final: “Pantomima en el espejo” se divide en dos partes. La primera parece ser la voz del espejo que se adueña del aliento: “Mío es el aliento/ de los mendigos/ la corteza cíclica y el reflejo de la sombra”. Es el espejo quien secuestra al mimo, su disfraz algebraico, ¿será ese espejo el disfraz o la sombra? La segunda parte aparentemente es enunciada por el mimo, quien se dirìa que desea escapar  de su destino, de ese horizonte que lo engaña, ese horizonte que niega la verdad que esconde el espejo: “Horizonte que no era/ el rostro en el espejo”.
El tercer poema “La esquizofrénica enjaulada”, retrata el juego de espacios cuando el circo se hace realidad y la realidad, circo. “Hacia otras furias/ su miedo le conduce,/ parajes/ casi amorfos de tanto circo”. La jaula se muestra como símbolo de aislamiento, sin embargo, es un destino común. No solo se “enjaula” aquello que amenaza, también lo que se ama y no se quiere perder. La jaula en este caso es el reflejo de lo que no se quiere revelar, de lo que debe estar cifrado para los ojos curiosos del niño. Aunque, la jaula no impida el contacto: “maligno será el beso/ que vertí en su llaga”.
El quinto poema “El traga-fuego”  nos pone de frente ante una figura enigmática “pero soy esa fiera que ajena permanece a toda luz”. La vida entra en una bocanada de fuego o aire, la intensidad del momento: “Por un instante/ poseo la sensación/ de que respiro”.
 Finalmente, el poema que cierra este libro: “El circo” concluye esta metáfora del circo como espacio de encierro, la carpa parece invitar, pero es en realidad un cáliz ineludible, no hay escapatoria: “Siéntelo:/ Es el pecho atormentado/ de los recién/ nacidos”.
De esta manera hemos transitado Circomística,  no ha sido fácil, sin embargo, ya lo decía Lezama Lima: “Solo lo difícil es estimulante”.  Al terminar de leer Circomística, no sé si es el propósito de la autora, creo que el circo, me resulta más inquietante, las carpas ya no me parecen sino un abismo que convida a enamorarse de la muerte.

Selene Fallas


San José, 24de agosto, 2013

miércoles, 26 de junio de 2013

Adiós

Una foto, pero ella, ¿dónde está? ¿Cómo es que su cuerpo se expone al frío, mientras intento dormir? Pienso en su cuerpo pequeño y cansado y allá tan lejos de la gente que amó, pienso en el frío y en sus manos que ya no se extenderán para asir mi cabeza o para poner en mi frente la señal de la cruz, allí depositaba la esperanza de que su dios me protegiera, donde ella sentía que se extinguía su alcance, su poder de hacerlo, sin embargo, yo que  no conocí un ángel más fuerte que esas manos, sabía que era su poder el que me cubría, sabía que era su amor el que alejaba de mi camino aquello que me haría daño. Sus manos: los ángeles más reales que ningún pintor soñó, que ningún profeta describió y, sin embargo, yo, atea de otros dioses,  veía en sus manos el consuelo y refugio que ella encontraba en su fe… Pero  sus manos cayeron cansadas, aún el amor guardó silencio y el frío se clavó en ellas. Vi a esos ángeles entrelazados, dormidos, crucificados en el silencio. Vaciados de sangre, sin luz en las pupilas, sin calor para darme. Vi extinguirse el amor y la protección que me daban ahí, frente a mis ojos, que no parecían entender, ni aceptar. Ahora sigo pensando en el frío y en la soledad…

sábado, 4 de mayo de 2013

Caricatura


No tengo que ir a alcohólicos anónimos
 para saber que un día es excesivo.
La vida me devuelve demasiado tarde, 
con los ojos tan sin brillo, 
que ya no me diría hijo de Bukowski 
o nieto de Kerouac.

jueves, 4 de octubre de 2012

El don de la niñez

Entre todos los ojos del mundo Kaleb tiene los que mejor he podido entender: Pierden el brillo y sé que está triste, si los abre como un paraguas es porque llueve el escepticismo. Los girasoles de sus pupilas bailan cuando está feliz, se tiñen de gris cuando se aburre y se marchitan un poco cuando llora. Kaleb pinta el mundo diferente, porque los niños creen que las cosas pueden ser diferentes. Yo espero que sus ojos no cambien para que sigan siendo de niño, para que nunca crea que las formas y los colores no se pueden o no se deben cambiar.

domingo, 17 de junio de 2012

Docente y estudiante, ¿será que nos causamos la misma decepción?

La educación, tratar de transmitir amor por el conocimiento nunca ha sido fácil, desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos sobrevivido gracias a que nuestra especie ha compartido sus experiencias, estas hacen que los otros puedan ir más allá de esto y construir o llegar a nuevos estadios del conocimiento. Hoy en día, la labor del docente, no solo está desprestigiada, sino que pocas veces se ve retribuida con esa clase de discípulos que uno sueña, con esos estudiantes a los que les calan los conocimientos que tratamos de heredarles y que muestran entusiasmo por lo que se les enseña, aquellos que buscan un poco más y que prefieren entender, antes que pasar con la mejor nota (claro que estos no son excluyentes) a no entender y trabajar y pasar con la mejor nota. Es decir uno sueña un estudiante con la ética suficiente para entender que “robar” una idea, que “copiar” un formato, dejarse el “crédito” por algo que no hizo es pero que perder un curso, sin embargo, en muchos casos, la realidad contrasta con esto. Es triste para un profesor ver cómo los estudiantes solo se preocupan por la nota del curso y no por aprender. Su actitud durante todo un semestre puede ser totalmente indiferente, hasta que ven su promedio, entonces sí, empiezan a cuestionar. En realidad, no sé qué es lo que pasa por la mente de mis estudiantes, pero a mí como profesora me indigna la actitud displicente que tienen hacia lo que leen, parece que nada los toca, ni los motiva, leen sin hacerse una hipótesis, no les importa qué quiso decir el autor (estoy segura qué tampoco les importa lo que dice el profesor) su única preocupación es la nota final. No puedo creer que solo esto los motive, me duele tanto ver como sus únicas inquietudes se relacionan con la evaluación. El otro día, por ejemplo, una estudiante de un taller literario, tenía que hacer la presentación de sus trabajos “creativos”, un ejercicio de reescritura de textos en un discurso que podía ser oral o pictórico, escrito, cibernético, musical, lo que quisieran, lo único que tenían que hacer era dar una nueva propuesta para un texto leído, entonces, mi alumna, descaradamente le robó el formato de presentación a una compañera, (y yo estoy casi segura de que hizo la presentación en clase, mientras los otros exponían, lamentablemente, no lo pude comprobar), pero no conforme con robar el formato y trabajar sobre él (no era un formado prediseñado de los de power point, era un poquito más elaborado) le robó un trabajo (un dibujo) a otro compañero, cuando era un trabajo que debían hacer en clase. Recuerdo que este joven (quien además tiene bastante habilidad) hizo el dibujo solo, pero ella tuvo el descaro de decir que ella había trabajado con su compañero, en fin, toda su exposición me pareció un insulto a mi inteligencia y una falta de respeto a sus compañeros que sí trabajaron, cuando vio la nota que le puse (le asigné la mitad de los puntos obtenidos y fui muy alcahueta y generosa (mea culpa) debí ponerle un cero, no lo hice, porque algunos de sus trabajos estaban mejor, aun así, ella tuvo el descaro de reclamar de esta manera: "Mi exposición no fue peor que la de otros compañeros y sin embargo, tengo la nota más baja". La única investigación que hacen es cuál es la nota de sus compañeros, lo único que les interesa es eso. Este caso me tiene particularmente desmoralizada, no puedo creer que una futura profesional tenga el aplomo de robar el trabajo de otros y además defenderse diciendo: “no fui la peor”, quizás debería conformarme con que ella se da cuenta de que no fue sobresaliente, asumo que ella supone que robar un formato hace que su presentación esté a la altura de la compañera que, tontamente, le regaló su trabajo. Yo ya no sé ni qué sentir, en realidad me parece tan triste que un estudiante universitario haga el mínimo esfuerzo y si no tiene una buena nota tras dar el mínimo, entonces quiera hundir a sus compañeros, es decir, o a todos les va mal o a todos nos va bien, aunque el esfuerzo haya sido diferente por parte de cada uno, era evidente que unos se esforzaron más que otros, pero de acuerdo con ella, la nota tenía que ser la misma. Supongo que esto es válido para algunas empresas, donde unos trabajan más que otros menos, pero todos ganan igual. Supongo que ella espera que el día de mañana en su carrera se le pague solo por asistir a su trabajo, sin que haga más esfuerzo que el de estar ahí (y además, fue la única estudiante que faltó a clases y faltó dos veces). Así que, cuando “trabaje”, asumo que se le pagará por “asistir” a su trabajo, hacer que los otros trabajen por ella (como lo hizo en la universidad) y aún será de las que se quejan porque gana menos que otra “compañera” que posee un título más alto, o que otra que asume mayor responsabilidad, pues su vida estudiantil parece haberle ensañado que no importa cuánto se “esfuerce” si sus compañeras la dejan participar de sus exámenes y trabajos, ella estará tan bien calificada como ellos. Por supuesto que yo le dije todo esto a ella, le dije que subir la nota de su presentación, era irrespetar a aquellos estudiantes que sí trabajaron, sin embargo, dudo mucho que esto le haya servido de algo. Qué lamentable, cómo hacer para que la gente entienda que las cosas se ganan, que las notas se ganan, que los salarios se ganan, que el respeto, también se gana, y en mi opinión, un estudiante así, no lo merece, como estudiante, claro está que en tanto ser humano es otra cosa. No me quiero excluir del problema, claro que también me siento responsable, claro que me he comido los sesos sintiéndome mal porque tal vez no supe cómo motivarla, sin embargo, en este caso en particular, siento que no toda la responsabilidad ha sido mía (creo que ni siquiera una gran parte), además del tema de no saber cómo motivar a esta estudiante, asumo la responsabilidad de no haber creado una estrategia evaluativa que pudiera burlar todo tipo de “ayuda” del grupo y dos, asumo la responsabilidad de no haber creado la conciencia en el grupo de lo que significa fomentar el mutualismo como estudiantes universitarios, lo intenté, pero no lo logré, de lo contrario, ella no habría sobrevivido y tal vez, asumo la responsabilidad por no haber empezado un engorroso trámite administrativo para denunciar a esta estudiante, sin embargo, no sé qué tan efectivo hubiera sido esto. Creo que los mismos estudiantes no deberían dejar que esta clase de parásitos se gradúen, porque seguirán siendo eso, parásitos y creo que es mi deber (y el de todos los profesores) generar esta conciencia en los estudiantes. Desearía mucho equivocarme, pero dudo que este tipo de estudiantes llegue a aumentar el estadio del conocimiento humano, dudo mucho que sean capaces de “formarse”, pues ya están deformados y lo que más me duele es que, aunque no digo que todos tengan un nivel tan bajo como esta joven en particular, sí veo una actitud generalizada, la preocupación no es saber, la preocupación es el promedio. Cuando uno se preocupa por la nota, solo por eso, la calidad pasa a segundo plano: la calidad del profesor, la calidad de la materia, la propia calidad del estudiante, de la Institución, etc. Creo que actualmente ya a nadie le importa el proceso, solo interesa el resultado, de seguir así, la educación formal no tendrá sentido.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre el amor filial -y otras desviaciones-

Presentación del libro de la poeta: Angélica Murillo

Es un honor para mí, presentar el segundo poemario de esta talentosa poeta, como ella misma lo aclara, este libro es cronológica y estilísticamente, anterior a
Variaciones en la trayectoria de una hormiga, sin embargo, en efecto, es su segundo libro, posterior al inédito Circomística.
Aunque he tratado de no convertir esta presentación en una narración absolutamente personal e intimista, me gustaría, al menos caer en la tentación de humanizar y personalizar, antes de empezar a hablar del libro que nos convocó esta noche y, por eso, les pido una disculpa, pero, como de todas maneras no creo en la objetividad, no pretendo convencerlos de que mi lectura sea desvinculada y “científica”, por el contrario, mi lectura (como la de cualquier lector) esta mediada por lo que soy, por las lecturas que he hecho, los referentes culturales que poseo, mi deformación académica, etc.
Años atrás, en este lugar (la casa de cultura popular José Figueres Ferrer) Angélica, Marcel, Sergio, Edward, Gustavo y yo, nos reuníamos para hablar de poesía, para comentar nuestros textos y tratar de ayudarnos, unos a otros, en esa búsqueda tan desesperada de la literatura. Nuestros caminos, tomaron rumbos distintos, también nuestro concepto e interés por la literatura fue variando, cada uno, quizás, tuvo su epifanía personal al respecto y, tras esa nueva búsqueda literaria o no, cada quien enfrentó o asumió su proyecto de vida, no obstante, hoy me llena de emoción saber que más personas fuera y dentro de este país puedan conocer la poesía de Angélica, pues su escritura siempre ha marcado, para mí, un horizonte.
Hablar de la poesía de Angélica Murillo es abrir la puerta a un nuevo paradigma, esta poesía no solo reta al lector en términos formales (estilísticos), sino que lo enfrente a una visión del mundo y de las relaciones desesperanzadora, sin embargo, como dijo Saramago: “los pesimistas son los que cambiarán el mundo, porque los optimistas están maravillados con lo que hay en él”.
Sobre el amor filial y otras desviaciones es un libro que nos deja más inquietudes que respuestas. Esta poesía es fresca y tiene toda la fuerza de una poeta cuyo bagaje y riqueza expresiva son, cuando menos, apabullantes. Este poemario nos hace un recorrido por temas y paisajes para nada cómodos, debemos salir de la zona de confort y arrastrarnos en el fago de nuestra condición humana. 
La poeta arremete contra algo que en Occidente se ha idealizado y puesto en un altar: la familia, probablemente no sólo en Occidente, supongo que tiene que ver con la necesidad de sobrevivir: la horda, la manada, la tribu, esa necesidad evolutiva de saber que pertenecemos a algo y de cuidarnos las espaldas, sin embargo, este poemario, nos pone en jaque, respecto a aquello que siempre se ha mostrado como lo ideal.
La casa que la poeta dibuja en estas líneas, no es un espacio de recuerdos agradables, esta es la casa manicomio, esta idea se encuentra en el primer poema “Perdió la cabeza (literalmente)”. El yo lírico plantea: “Pero yo prefiero decirles la verdad: esto es una celda. Puede ser un manicomio, un burdel, una concha. Ohhh sí una casa”. Evidentemente, dada la alusión que el hablante hace a “La casa de Asterión” cuento del argentino Jorge Luis Borges, esta casa, no solo representa ese espacio íntimo, familiar, esta casa es el mundo que, en palabras del hablante, no se ubica como un lugar “ideal” sino como una celda, un manicomio, una concha, estos tres lugares representan un encierro involuntario, una captura. El burdel, por otro lado, es ese espacio que, si bien, no podría definirse en términos de encierro sí es un espacio que simbólicamente representa un desafío a la “moral” tradicional, a los valores tradicionales, es un mercado donde lo que se vende es sexo, aquello con lo que solo el ser humano es capaz de lucrar, somos la única especies capaz de no involucrar la reproducción (de burlarla incluso) a favor del placer.
Este primer poema nos define al hablante y nos marca el terreno: “yo era su mascota futurista, su juglar sin epopeya”, acá el hablante nos advierte que no habrá hazañas que cantar, por el contrario, nos veremos inmersos en una lírica que si bien, nos envuelve y maravilla por el ludismo que caracteriza a esta poeta, también nos deja muchos cuestionamientos sobre algunos valores que cimentaron y aún estructuran esta sociedad.
El segundo poema “Pintura animable con atmósfera nihilista” vuelve un poco al reproche por el tratamiento del ser humano como una mercancía, en el afán por sobrevivir, hemos hecho de todo un negocio y esto en detrimento de nuestra especie, pues aquello que no puede venderse deja de importar, el valor que se da a las personas y a lo que producen no es estrictamente un valor, sino un precio. El poema se desarrolla en una escena, claramente urbana, donde al final, lo único que importa es no develar la muerte, mantener esa incógnita parece ser lo único que sostiene a los personajes de esta pintura, de este collage, si me permiten.
El tercer poema recrea el génesis desde la metáfora de la virtualidad, ciertamente, esta manera de entender el mundo desde el espacio cibernético nos hace repensar y cuestionar nuestro origen y paradero como especie, además, nos permite jugar con el mito demiurgo y los arquetipos de Adán, Eva y el Demonio, el hablante no desaprovecha la oportunidad de hacer su propio mito, que es consciente o conocedor del mito anterior “No caeré de nuevo. No en el mismo río”, este paraíso desprovisto de inocencia, de ingenuidad, este nuevo Paraíso ha creado otra especie, otro pecado y otras culpas.
Este poemario reinterpreta la literatura y algunas de sus fuentes inagotables, la cabellera femenina, por ejemplo, fuente de cientos de relatos y mitos, quizá ninguno tan aterrador como el de Medusa, el cuarto poema nos habla de la melena Melusina, que no se reelabora a partir de las víboras que caracterizan a la Medusa tradicional, esta melena más bien se describe como una planta carnívora, que el hablante vio crecer, primero la observó degustar del targuá y luego la vio devorar a “uno que otro conejillo de indias”. El juego fonético del poema es tan embelesador que solo el que tenga una historia, una fábula tan sólida estructurándolo, nos permite descartar que sea gratuito o un puro ejercicio de estilo.
Los poemas dedicados a Emilia, son todo un cuestionar nuestra condición humana, lo natural, lo social, el viaje, la raíz, la muerte, la vida, la ciudad y la selva, las eternas paradojas que ya en el siglo XXI no intentamos resolver, forman parte de una especie de “conocimiento” de “estado de la cuestión” que arrastramos sin que nos interese formular una nueva hipótesis de estudio.
El poema “Anómalo animal” es ese retrato de familia que deja ver esa deformidad moral o social que nos carcome, pues somos animales y reprimir o poner etiquetas al comportamiento “natural” es algo que hacemos asumiendo una superioridad que al principio se supuso divina y luego se sostuvo desde la racionalidad y el paradigma científico, no obstante, ha servido de poco este ser civilizado, pues cuando es necesario, nos demostramos unos a otros, que nuestra naturaleza, a pesar del filtro social, puede ser la más peligrosa de todas.
La poesía de este libro está llena de referentes culturales, es un constante diálogo del hablante con el cine, la música, la filosofía la literatura, la física, la biología, pero sobre todo, es un diálogo o un intento de diálogo con el lector, el hablante, nos pide a gritos que respondamos sus provocaciones, casi nos habla con esa pose de “Maja desnuda en el tres catorce” y embiste contra nosotros, nos recuerda: “Tu jaula es el mundo/ tu jaúl y mi sueño: seguir tendida con la Nada, mientras la muerte –la muerte y no vos– se encarga del boceto”. De nuevo la metáfora del mundo como jaula, prisión o cárcel y de la muerte como hilo de Ariadna, la muerte es el sentido, la respuesta, la estructura.
El hablante nos cuestiona agresivo en cada frase, de vez en cuando un coqueteo, sutil, suave, pero no nos recibe el poema con los ojos cerrados y el labio dispuesto al beso, nos recibe una bofetada, un golpe que intenta despertarnos: “Árboles que foto-nicotinan y aceras como cunas donde nacen dos mendigos por minuto”. El paseo por la ciudad no nos devuelve la esperanza, la urbe es una granja, un espacio de domesticación, pero además de producción, de explotación.
Una cuarta parte del poemario “Y los pants sin cremallera” nos lleva hacia una serie de personajes femeninos con características que en poco se parecen a la tradición, mujeres o voces femeninas que básicamente están perfiladas por cierto desdén, cierto cinismo, en alguna medida, pero el rasgo fundamental es la poca importancia que le dan estos personajes a decir lo “correcto” a decir lo que la sociedad podría esperar de ellas, además del intertexto y el juego de palabras que son la constante en el poemario (tanto que el poema “Mi hermana”, es la suma de los títulos de las partes del libro más un verso). Este poemario, en su visión desencantada, parece extendernos la literatura, la poesía como última tabla de salvación, a pesar de todo, aún se puede hacer arte, jugar con las palabras y retar a la vida con una metáfora, quizás hasta se pueda ganarle la partida y encontrar en eso su sentido.
Este poemario nos permite, como lectores, llenar el espacio en blanco, poner lo que hace falta, la poeta nos concede el derecho de hacer nuestra propuesta, de completar el poema, es en este punto donde el lector participa del diálogo, de esta partida de póker.
La quinta parte del libro, cuyo título es “Se fue un día en el parque como quien” contiene el poema “Sobre el amor filial – y otras desviaciones-“es un poema que hace eco del incesto, sin embargo, la poeta extrapola esta imagen en un referente cultural y simbólico más abarcador. Esta última parte del libro parece hablar de reproches o desamores, desencuentros y despechos, pero todos se enfocan desde la literatura, desde una metáfora anterior que se retoma con el objetivo de crear una suma de imágenes que van rompiendo sus orillas para hacerse parte de este collage, de este libro cuya plástica, tan bien lograda, hace de los poemas una secuencia de cortos que terminan como “una partida de black jack” donde el lector, poco atento, podría perderlo todo (literalmente).


Selene Fallas

lunes, 24 de octubre de 2011

El dios poeta

El dios poeta

En el fondo ya sé que no hay nada
que cuando el reloj marque la hora
no habrá hacia adónde voltear los ojos,
Pero me gusta pensar, a veces,
que dios es un poeta
y que el paraíso es para nosotros,
que allí nos serán recompensadas
todas las penurias que vivimos aquí,
que será un lugar lleno de laberintos
y juegos de palabras,
que habrá gente hermosa
ahí donde ponga la mirada.
Todos entenderán las ironías
y el trabajo, ese trabajo con mayúscula,
privilegiado e importante
será el de construir (o al menos entender)
algunas metáforas…
Y habrá un pago por eso
y los poetas seremos respetados
e incluso seremos admirados,
leer será una labor importante,
a diferencia del cálculo,
la gente dedicada a esa labores
de salud, de ingeniería,
labores técnicas o administrativas
serán los que desperdician el tiempo
y se encargarán de funciones misceláneas
y, por eso, se les pagará poco,
pues su trabajo, al final, podría hacerlo cualquiera,
no es en realidad importante, ni necesario,
ni para dios, ni para nadie en este paraíso.
Nadie entiende porque dedicaron su vida a labores tan inútiles
e incluso sus padres se avergüenzan de ellos…
Ya sé que soy mezquina, pero sin dios, no hay esperanza
de ningún paraíso, y mi único consuelo es la imaginación.
Además con este poema, yo misma me condeno,
pues no tiene metáforas, si alguien quiere jugar
a abogado del diablo, le diré que el segundo y tercer versos,
más que una metáfora son un lugar común.