domingo, 22 de septiembre de 2013

¿Para comer o para referirse a la valentía?

No sé si les pasa, pero en lo personal, cuando quiero un huevo frito o revuelto o como sea, cuando se me antoja degustar esa célula gigante que tiene yema y clara, suelo pensarla o articularla como huevo (uevo) sin embargo, cuando quiero referirme a la valentía o a cualquier relación de esta palabra con el estado anímico la pienso con g (güevo).

La oración: “Y se quiso imponer a güevo, pero no le funcionó”, por ejemplo, si se dice de otra manera, pierde fuerza. Sé que esta es la forma en que la Real Academia invita a pronunciarla, sin embargo, cuando se trata de “güevos” (ovarios o testículos) yo no puedo pensar en la RAE, además ¿qué sabe la RAE de emociones?

Cuando estoy agüevada, tampoco puedo pensar en cambiar el sonido güe, por el ue, definitivamente, solo añadiría gris a mi tristeza o desidia, no sé si la gente que lo escribe así: ahuevado, lo pronunciará con un suave diptongo ue, tal vez, hagan caso omiso a la ortografía y al pasarlo a la fonética lo pronuncien como si tuviera diéresis y “g”, no sé, tal vez la mayoría de los ticos sí lo pronuncian como se “debe” y en eso caso, me agüevas, sigo siendo la única güevona que lo dice diferente. Es que decir “estoy ahuevada” ya es otra cosa, sería decir que tengo forma de huevo, no significa que soy alguien que se encuentra desmotivada o desilusionada, bueno, tal vez un poco triste, pero, no significa que estoy deprimida (eso ya es más fuerte).

Cuando alguien o alguiena (como diría Memo Barzuna) hace algo que no me gusta, pienso: ¡qué güevón! o ¡qué güevona! y es así como lo digo, lo exclamo o reclamo, con la “h” creo que pierde sentido, no sé, tal vez, soy muy ideática, pero cuando se trata de huevos pienso en comida y cuando se trata de güevos pienso en otra cosa.

Creo que nos faltaron güevos para proponer que la palabra se incorporara de este modo a la RAE, sin embargo, era muy difícil que una palabra pronunciada de manera tan rústica se incluyera en un diccionario tan refinado, además, los españoles no hacen semejante distinción para ellos huevos pueden ser las dos cosas, no necesitan esta diferencia fonética para distinguir unos de otros.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Yo de fútbol no sé, ni quiero


Yo le agradezco a la vida que ni el fútbol, ni la religión puedan contarme dentro de sus numerosos fanáticos. Ya sé que no hago falta, son demasiados millones de personas las que engrosan  sus listas, una  que no haga de estas dos cosas su dios, antes que peligrosa es ridícula.  Sin embargo, en Costa Rica a mí me molesta demasiado el odio exacerbado que se desata contra la selección mexicana y casi que podría decir contra México y los mexicanos cuando nuestras selecciones se encuentran. Yo de fútbol ni entiendo, ni quiero entender, porque si para entender el fútbol hay que llenarse de falso orgullo costarricense y odiar a un país tan rico y maravilloso como México, paso.
México ha sido el refugio de grandes intelectuales y artistas costarricenses, ha sido la cuna de artistas e intelectuales de talla mundial. La verdad quiero y respeto a los mexicanos, porque veo más similitudes que diferencias entre ellos y nosotros.
Ahora, por ejemplo, sé que se está dando una lucha por parte de los maestros mexicanos y siento un profundo respeto por los colegas que salen a defender la educación pública, aunque de eso acá no se hable, hoy día en Costa Rica lo único que interesa es si México va o no al mundial en Brasil y todos los ticos dicen: “qué rico que Costa Rica sacara a México del mundial”. No entiendo el encono, el odio supurante que hay que tener por este país, por su selección y por su gente.
La verdad, otra cosa que admiro de México es como se enorgullecen de su país, a pesar de que en la actualidad están sufriendo y pagan muy caro su pasividad y la complicidad de haber mantenido al PRI tantos años en el poder, cuando es un partido que hace tiempo dejó de trabajar por México ( en Costa Rica sucede igual con el PLN) sin embargo, es un país que mantiene sus tradiciones porque no las considera “polas”, al contrario, encuentran en eso la riqueza que otros no ven y les preocupa su historia y se saben parte de algo, es decir, tienen identidad (Por ejmplo, en México no hay Taco bell, ningún mexicano preferiría esa comida a la auténtica comida mexicana).
Sé que mucha gente al leer esto me invitará a alistar mis petates y largame para México, pues no es lo que pretendo. Yo lo único que quiero decir es que me resulta increíble ver como el fútbol se usa como excusa para expresar el odio y la xenofobia y es lamentable que nuestro país haga de sus pasiones no un pretexto para buscar la simpatía con otros latinoamericanos, sino que lo use para agudizar el odio, rivalizar y  perpetuar prejuicios absurdos sobre“el Otro”.
¡Qué triste que en estos momentos, en lugar de apoyar la marcha de los maestros mexicanos, estemos deseosos de ver que no clasifican al mundial!
México hasta donde entiendo, fue anfitrión en los Mundiales de 1970 y 1986 y concluyó en el sexto lugar en ambos torneos, nosotros en el glorioso Italia 90, llegamos a octavos, sin embargo, hoy en día los ticos nos creemos potencia futbolística, no digo que México lo sea, pero tiene más experiencia en el área. Es una pena que un deporte, un juego sea capaz de desatar tanto odio y es triste como se ciegan ambas partes, cuando en realidad somos solo dos países, donde sobrevivir dignamente cada día no es un juego, dos países que deberían invertir más en educación que en fútbol, porque está claro, que no se nos da (no como a Brasil, que ha sido cinco veces campeón mundial).
Lo cierto es que con el tiempo, en vez de buscar otras glorias, donde sí las podríamos tener lo ticos seguimos (me incluyo porque soy tica, no porque sea mi búsqueda)  obsesionados con el fútbol, soñando una copa mundial que yo no veo ni cerca, pero parece que es lo único que impulsa y hace soñar a este país.

lunes, 26 de agosto de 2013

Circomística de Angélica Murillo: Malabares con palabras


La multiplicación tiene una regla: el orden de los factores no altera el producto, digo esto, porque este el primer libro de la escritora Angélica Murillo, aunque sea el tercero que publica, recién hoy, este libro es presentado para que los lectores empiecen a consumirlo y devorarlo, sin embargo, es un bebé que cuenta ya con trece años de edad.
Yo conocí a Angélica mientras gestaba a esta criatura y conocí a su bebé en ciernes, recuerdo la admiración que me produjeron su talento y empeño. Angélica, no es solo una amiga para mí, es un modelo. Su poesía me ha parecido siempre fresca, fascinante en tanto poco íntima y confesional, la pluralidad o esquizofrenia de los yo a partir de los cuales enuncia o articula su voz, me han resultado siempre paradigmáticos.
Pido disculpas por desviarme del tema, lo que quiero decir es que, aunque no puedo afirmar que Angélica o mi persona seamos las mismas mujeres que bajaron al río hace trece años, ya lo dijo Heráclito, y a pesar de que,  tampoco puedo leer este libro con los ojos de la muchacha que fui, cuando  veo a este  niño me sorprende notar que sus ojos no han cambiado, el tiempo no ha afectado la calidad de este texto.  El tiempo me ha golpeado a mí, probablemente, a Angélica también, aunque no lo parezca, ¡claro!, sin embargo, esta criatura, este libro llamado Circomística, mantiene su mirada intacta, idéntica, hoy es mi mirada la que recibe diferentes sentidos, nuevos rasgos, que antes no podría haber leído,  no porque no estuvieran ahí, simplemente, porque la vida no me habría permitido notarlos. Uno ve lo que puede comprender y esa capacidad de comprensión y entendimiento, además de ser limitada en cada uno de nosotros, es individual, es decir, cuando ustedes compren el libro y lo lean, probablemente se pregunten ¿Cómo yo no vi tal o cuál o relación?, pero ese es el camino que se abre ante ustedes y ese camino que ustedes ven tan claro, para mí estará vedado, sino para siempre, sí, al menos, hasta que la vida me lleve a transitarlo. 
Ahora quisiera detenerme un poco en el nombre de este libro, que es una palabra compuesta y un neologismo: dos palabras que se unen para procrear un nuevo vocablo. Veamos de forma separada el significado de estas dos palabras.  El diccionario de la RAE nos da nueve acepciones para la palabra circo, voy a leer siete de ellas: Circo (Del lat. circus). 1. m. Edificio o recinto cubierto por una carpa, con gradería para los espectadores, que tiene en medio una o varias pistas donde actúan malabaristas, payasos, equilibristas, animales amaestrados, etc. 2. m. Este mismo espectáculo. 3. m. Conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de este espectáculo. 4. m. Conjunto de asientos puestos en cierto orden para los que van de oficio o convidados a asistir a alguna función. 5. m. Conjunto de las personas que ocupan estos asientos. 6. m. Lugar destinado entre los antiguos romanos para algunos espectáculos, especialmente para la carrera de carros o caballos. 9. m. coloq. Confusión, desorden, caos. Con respecto a la palabra mística la RAE ofrece tres acepciones, que les voy a leer: Mística (Del lat. Mystĭca). 1. f. Parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus. 2. f. Experiencia de lo divino. 3. f. Expresión literaria de esta experiencia.
La circomística vendría a ser entonces, si les parece, la expresión literaria de la experiencia divina encerrada en el espacio circense. Ahora bien, la palabra circo es claramente y en todas sus acepciones masculina, mientras que la palabra mística es en todas sus acepciones femenina, en la unión de estas dos palabras, hay algo más que la unión de dos palabras. Se unen las miradas, las formas de entender y narrar desde dos principios: el masculino y el femenino. Así como el circo es un espectáculo que mezcla o convoca a diferentes artistas, la circomística es también un espacio de confluencias, un espacio donde se dan cita varias visiones de mundo y de poesía, aunque la poesía sea, en realidad, solo otra forma de entender y de vivir la vida.
La poesía y no el circo nos convocan esta noche para celebrar que hay un nuevo libro en las páginas de la historia, que una joven voz se abre paso en un coro universal.  Ahora sí, entraré de lleno en el la materia que nos convoca esta noche y  realizaré un recorrido por todo el poemario para compartir con ustedes mi lectura.
El libro se divide en cuatro partes, cuatro. Esto podría significar algo o no, en lo personal, siempre he pensado que un autor no utiliza el escalpelo de manera aleatoria o antojadiza, creo que esta disección quiere decir algo, llamar la atención sobre algo, entonces, veamos qué significa el número cuatro. Chevalier nos dice que las significaciones simbólicas del cuatro dependen del cuadrado y de la cruz. El cuatro es, por tanto, símbolo de universalidad y plenitud, pues la tierra está dividida por un meridiano y un paralelo en cuatro sectores. Son cuatro los puntos cardinales, los vientos, los pilares del universo, las fases de la luna, las estaciones, los elementos, los humores, los brazos de la cruz. La vida humana se divide en cuatro colinas: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. El número cuatro, representa a la Tierra y al igual que ella no crea, sino que contiene la creación. El libro está ahí extenso y abierto para que caminemos sobre él y juguemos a demiurgos creando sentidos y relaciones,  para que seamos espectadores activos de este texto que hoy se abre ante nuestros ojos.
La primera parte del libro se compone de cuatro poemas: “La orquesta”,  “El maestro de ceremonias”, “El mago” y “El trapecista”. Estos cuatro poemas parecen apuntar a una dirección y a un color, ya se ha dicho que el Norte se viste de negro, para allá parece llevarnos la autora, a un norte que ofrece un sentido, un segmento del circo.
La orquesta se impone como el primer elemento circense que la autora revela, el circo es su música, en alguna medida, claro, y es esa particular orquesta la que anima y predispone nuestro juicio para observar el acto que se ejecutará en escena, en este caso, la orquesta pretende revelarnos un secreto, o más bien,  nos lanza una advertencia: el circo es una cárcel “ese antro donde el duende nos tiene presos”.  La música es un augurio que el mismo circo devora, atraídos como las ratas por el flautista, vamos en pos de una música que crece en confusión y termina devorada en esa jaula a la que entramos, tal vez, nuestra existencia tenga el mismo propósito o destino.
El segundo poema “El Maestro de Ceremonias” hace directa alusión a los cuatro puntos cardinales, recordemos que estamos en el primero de ellos, en el norte, en el punto más negro. Esta figura se anuncia como una suerte de guardián, el guardián de los muertos que alguna vez visitaron el circo: “Eres un bastón en el ático/ del tiempo/inútil vigilante de no sé/ qué tumba”. Este maestro de ceremonias atemporal, eterno, es quien guarda en sus ojos las sillas, ahora vacías.
El tercer elemento: “El Mago”, ilusionista que nos permite volver a la infancia, la infancia que es un refugio para esconderse de la muerte, una butaca, cronotopo que permite mantener la esperanza.
El cuarto y último elemento de esta primera etapa es  “El trapecista”, oscuro y asfaltado, el negro sigue reinando al norte de nuestra existencia, el trapecista es una “araña que va/ viene/ sube/ baja”. El trapecista realiza cuatro movimientos, se mueve en cuatro direcciones, permanece en cuatro estancias: “Cuatro veces pasó/ el gatopardo/ crispó sus uñas afiladas,/ su luna/ tejida de asfalto.” El trapecista también fue consumido, mientras el sádico trapecio ríe y la niña llora. Los dos extremos vida/muerte, risa/llanto. Síntesis de la vida, del circo y las criaturas que lo conforman y lo observan.
La segunda parte del libro empieza con la figura de “El Arquero”, de acuerdo con Chevalier: “el arquero es el símbolo del hombre que apunta a alguna cosa y que ya, en cierto modo, la alcanza en efigie...”.  Este arquero apunta hacia al lector: “Y esta flecha que cruza/ -no sé de dónde-/ hoy halló tu carne/ su verdadero blanco”. El punto cardinal que parece orientarnos ahora es el sur, al que se le adjudica el color rojo, la sangre que ahora nos baña. El sur es para los náhuatl el lado de las espinas, acá la flecha que recién recibimos.
El segundo elemento es “El Titiritero”, este poema se fragmenta en tres partes. La primera presenta a este hijo animado por un brazo: “sé que mi brazo/es la madre que esparce/ el aliento entre sus hilos”. En la segunda el títere es un doble “De pronto su furia me rompe las manos”. La dualidad del artista creador y verdugo de su obra. Esclavo y amo de su arte. La tercera parte concluye o resuelve a favor de quien mueve la mano “No lo olvides/ marioneta:/ Eres monedero de este hilo/ aliento/ entre el aliento que  se quema”.  
El tercer elemento “Femina Circus” una suerte de bailarina que se mueve entre los extremos del circo: vida/ muerte. Mujer objeto, casi títere. Esclava, como todos, del absurdo: “Y no existe/ el pájaro animal/ libre/ que buscabas”.
El cuarto poema “Ideograma de los Siameses”, muestra a la figura de un juez, un observador, un delator que espera con ansias el momento de hablar y condenar.  De nuevo parece retratar al artista y su obra, esa relación de víctima y verdugo que entre ambos se establece. “Pero un día–o una noche cualquiera–/ como un fragmento/ de luz desconocido/ sabrás que yo soy/ el vínculo vital que te condena”. Esta relación siamesa entre un autor y su criatura que no da espacio al bisturí, que es irrevocable y que los hace uno: fenómeno social, atracción circense.
El quinto y último poema de esta segunda parte se presenta bajo la figura de “El domador”. Este personaje se acerca al primero de esta parte “El arquero” en tanto que “poseer es domeñar”, tanto el arquero como el domador logran someter a la fiera que, en parte, es una extensión de sí mismos. El domador no teme al bravo león, porque sabe, que el león también entiende que la jaula es la misma, sin necesidad de mediadores, ambos juegan el juego y cumplen con un rol preestablecido,  el látigo del tiempo, es el único que impera para todos y la muerte es la jaula irrenunciable que siempre nos asecha. Este último poema también alude al rojo, pero hemos salido del sur, ahora no sé hacia dónde.
La tercera parte se enmarca como un intermedio, es decir, una pausa para el circo, pero no para el espectador. El primer poema: “Excursión circense al puerto”  parece llevarnos a un nuevo destino, ¿hacia dónde gira esta vez la brújula?  Pues parece que al Este,  el payaso y el mar protagonizan esta excursión. El payaso, figura central del circo, se muestra fuera de la carpa, prófugo de una realidad que quiere anclarlo, pero logra escapar, al menos, temporalmente: “y hoy,/ un día como ayer/ también vira la barca/ ocultando al prófugo de los mapas”.  
El segundo poema de esta tercera parte “Monólogo de las cosas inverosímiles (En una maleta a la orilla de una playa)”.  Parece que arroja un poco de esperanza, no en vano, el Este es el punto cardinal donde sale el sol, sin embargo es tenue, casi gratuita  como “Un imaginario tajamar”. La vida nos consume, pero aún “Quedan las algas, la espuma/ la acuática polilla”.
El tercer y último poema de esta tercera parte, de este intermedio, que nos deja salir de la carpa, pero nos obliga a volver para el final, se titula “Siete maneras de crear un circo”.
El poema se divide en siete partes, lo cual parece proponer una analogía con el relato de la creación de la tradición judeo-cristiana narrada en la Biblia, esto porque también se desarrolla en siete momentos o días.
El primero de estos escenarios para la creación del circo está constituido por  “Un Poeta”, al igual que en el mito judeocristiano, la palabra, en este caso quien la enuncia, protagoniza el principio de la cosmogenesis.  El poeta es concebido como el creador, quien da origen al mundo circense, al menos, al mundo circense propuesto en este texto es el “verbo insondable donde el verso/ acaba”.
La segunda representación en este orden es “El Bufón” figura destinada a la risa, se presenta para enunciar una interrogante: “¿Quién da saltos en la cuerda floja?”. Pregunta abierta que cada lector deberá responder o responderse, mejor.
La tercera efigie en esta cosmogonía es un saltimbanqui, elemento que también parece condenado a un destino: “En el centro o en la orilla/ en la tierra o en el agua/ De su eje no se escapa”.  
La cuarta imagen de esta génesis se contrapone, al menos conceptualmente a las anteriores: “Un pesimista” se anuncia con redoble de tambor y termina con su profecía autocumplida, entra temiendo lo peor y cae, en su momento de gloria, durante su número.
La quinta figura de esta creación corresponde a “Un Vengador”  quien nos lanza un nuevo acertijo: “¿Dónde/ la garganta falaz/ o el puñal de la furia?” La venganza se ejerce con la palabra (garganta falaz) o con el hierro afilado (el puñal de la furia), pero acá cuál es la pregunta: ¿dónde está esa furia? O ¿dónde están esas armas? O ¿dónde aplican la voz o el cuchillo de la venganza?
La sexta representación de este mundo resuena en la primera: Un Eco: “mientras…entras/ mueres…eres”. Sin duda el juego de palabras y la onomatopeya resultan inquietantes, hay que entrar al circo y hay que morir para ser, eso, al menos, es lo que canta el eco”.
La última figura en este orden, se relaciona con el descanso bíblico del sétimo día: “El Silencio” la carpa dormida es la última versión de esta cosmogonía, es la última imagen de su creación, su esencia final.
Ahora, irremediablemente el Oeste, el cuarto y último punto cardinal, el trayecto que cierra el libro, esta cruz mística envuelta en una carpa. En esta parte el primer poema nos remite a una figura muy importante del circo “El Espectador”  la metáfora: “Y el insecto ofrenda sus membranas a la llama/ aun sabiendo que un golpe de su dedo/ le mutila” encierra, en mi opinión, el papel que cumple el espectador, el circo, el arte, la vida, la poesía, cárceles que fingen abrir sus puertas, terminan consumiéndonos, pero, igual corremos hacia a ellas.
El segundo poema presenta a “El hombre bala”, esta figura es más una estela: “Es materia luminosa que no se desplaza” es el resplandor de su propia marca, la sospecha de que se mueve, más que la certeza de la imposibilidad de que se mueve. Un poco la sospecha de que vivimos, más que la certeza de que cada día caminamos hacia nuestra propia muerte.
El segundo poema de esta parte final: “Pantomima en el espejo” se divide en dos partes. La primera parece ser la voz del espejo que se adueña del aliento: “Mío es el aliento/ de los mendigos/ la corteza cíclica y el reflejo de la sombra”. Es el espejo quien secuestra al mimo, su disfraz algebraico, ¿será ese espejo el disfraz o la sombra? La segunda parte aparentemente es enunciada por el mimo, quien se dirìa que desea escapar  de su destino, de ese horizonte que lo engaña, ese horizonte que niega la verdad que esconde el espejo: “Horizonte que no era/ el rostro en el espejo”.
El tercer poema “La esquizofrénica enjaulada”, retrata el juego de espacios cuando el circo se hace realidad y la realidad, circo. “Hacia otras furias/ su miedo le conduce,/ parajes/ casi amorfos de tanto circo”. La jaula se muestra como símbolo de aislamiento, sin embargo, es un destino común. No solo se “enjaula” aquello que amenaza, también lo que se ama y no se quiere perder. La jaula en este caso es el reflejo de lo que no se quiere revelar, de lo que debe estar cifrado para los ojos curiosos del niño. Aunque, la jaula no impida el contacto: “maligno será el beso/ que vertí en su llaga”.
El quinto poema “El traga-fuego”  nos pone de frente ante una figura enigmática “pero soy esa fiera que ajena permanece a toda luz”. La vida entra en una bocanada de fuego o aire, la intensidad del momento: “Por un instante/ poseo la sensación/ de que respiro”.
 Finalmente, el poema que cierra este libro: “El circo” concluye esta metáfora del circo como espacio de encierro, la carpa parece invitar, pero es en realidad un cáliz ineludible, no hay escapatoria: “Siéntelo:/ Es el pecho atormentado/ de los recién/ nacidos”.
De esta manera hemos transitado Circomística,  no ha sido fácil, sin embargo, ya lo decía Lezama Lima: “Solo lo difícil es estimulante”.  Al terminar de leer Circomística, no sé si es el propósito de la autora, creo que el circo, me resulta más inquietante, las carpas ya no me parecen sino un abismo que convida a enamorarse de la muerte.

Selene Fallas


San José, 24de agosto, 2013

miércoles, 26 de junio de 2013

Adiós

Una foto, pero ella, ¿dónde está? ¿Cómo es que su cuerpo se expone al frío, mientras intento dormir? Pienso en su cuerpo pequeño y cansado y allá tan lejos de la gente que amó, pienso en el frío y en sus manos que ya no se extenderán para asir mi cabeza o para poner en mi frente la señal de la cruz, allí depositaba la esperanza de que su dios me protegiera, donde ella sentía que se extinguía su alcance, su poder de hacerlo, sin embargo, yo que  no conocí un ángel más fuerte que esas manos, sabía que era su poder el que me cubría, sabía que era su amor el que alejaba de mi camino aquello que me haría daño. Sus manos: los ángeles más reales que ningún pintor soñó, que ningún profeta describió y, sin embargo, yo, atea de otros dioses,  veía en sus manos el consuelo y refugio que ella encontraba en su fe… Pero  sus manos cayeron cansadas, aún el amor guardó silencio y el frío se clavó en ellas. Vi a esos ángeles entrelazados, dormidos, crucificados en el silencio. Vaciados de sangre, sin luz en las pupilas, sin calor para darme. Vi extinguirse el amor y la protección que me daban ahí, frente a mis ojos, que no parecían entender, ni aceptar. Ahora sigo pensando en el frío y en la soledad…

sábado, 4 de mayo de 2013

Caricatura


No tengo que ir a alcohólicos anónimos
 para saber que un día es excesivo.
La vida me devuelve demasiado tarde, 
con los ojos tan sin brillo, 
que ya no me diría hijo de Bukowski 
o nieto de Kerouac.

jueves, 4 de octubre de 2012

El don de la niñez

Entre todos los ojos del mundo Kaleb tiene los que mejor he podido entender: Pierden el brillo y sé que está triste, si los abre como un paraguas es porque llueve el escepticismo. Los girasoles de sus pupilas bailan cuando está feliz, se tiñen de gris cuando se aburre y se marchitan un poco cuando llora. Kaleb pinta el mundo diferente, porque los niños creen que las cosas pueden ser diferentes. Yo espero que sus ojos no cambien para que sigan siendo de niño, para que nunca crea que las formas y los colores no se pueden o no se deben cambiar.

domingo, 17 de junio de 2012

Docente y estudiante, ¿será que nos causamos la misma decepción?

La educación, tratar de transmitir amor por el conocimiento nunca ha sido fácil, desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos sobrevivido gracias a que nuestra especie ha compartido sus experiencias, estas hacen que los otros puedan ir más allá de esto y construir o llegar a nuevos estadios del conocimiento. Hoy en día, la labor del docente, no solo está desprestigiada, sino que pocas veces se ve retribuida con esa clase de discípulos que uno sueña, con esos estudiantes a los que les calan los conocimientos que tratamos de heredarles y que muestran entusiasmo por lo que se les enseña, aquellos que buscan un poco más y que prefieren entender, antes que pasar con la mejor nota (claro que estos no son excluyentes) a no entender y trabajar y pasar con la mejor nota. Es decir uno sueña un estudiante con la ética suficiente para entender que “robar” una idea, que “copiar” un formato, dejarse el “crédito” por algo que no hizo es pero que perder un curso, sin embargo, en muchos casos, la realidad contrasta con esto. Es triste para un profesor ver cómo los estudiantes solo se preocupan por la nota del curso y no por aprender. Su actitud durante todo un semestre puede ser totalmente indiferente, hasta que ven su promedio, entonces sí, empiezan a cuestionar. En realidad, no sé qué es lo que pasa por la mente de mis estudiantes, pero a mí como profesora me indigna la actitud displicente que tienen hacia lo que leen, parece que nada los toca, ni los motiva, leen sin hacerse una hipótesis, no les importa qué quiso decir el autor (estoy segura qué tampoco les importa lo que dice el profesor) su única preocupación es la nota final. No puedo creer que solo esto los motive, me duele tanto ver como sus únicas inquietudes se relacionan con la evaluación. El otro día, por ejemplo, una estudiante de un taller literario, tenía que hacer la presentación de sus trabajos “creativos”, un ejercicio de reescritura de textos en un discurso que podía ser oral o pictórico, escrito, cibernético, musical, lo que quisieran, lo único que tenían que hacer era dar una nueva propuesta para un texto leído, entonces, mi alumna, descaradamente le robó el formato de presentación a una compañera, (y yo estoy casi segura de que hizo la presentación en clase, mientras los otros exponían, lamentablemente, no lo pude comprobar), pero no conforme con robar el formato y trabajar sobre él (no era un formado prediseñado de los de power point, era un poquito más elaborado) le robó un trabajo (un dibujo) a otro compañero, cuando era un trabajo que debían hacer en clase. Recuerdo que este joven (quien además tiene bastante habilidad) hizo el dibujo solo, pero ella tuvo el descaro de decir que ella había trabajado con su compañero, en fin, toda su exposición me pareció un insulto a mi inteligencia y una falta de respeto a sus compañeros que sí trabajaron, cuando vio la nota que le puse (le asigné la mitad de los puntos obtenidos y fui muy alcahueta y generosa (mea culpa) debí ponerle un cero, no lo hice, porque algunos de sus trabajos estaban mejor, aun así, ella tuvo el descaro de reclamar de esta manera: "Mi exposición no fue peor que la de otros compañeros y sin embargo, tengo la nota más baja". La única investigación que hacen es cuál es la nota de sus compañeros, lo único que les interesa es eso. Este caso me tiene particularmente desmoralizada, no puedo creer que una futura profesional tenga el aplomo de robar el trabajo de otros y además defenderse diciendo: “no fui la peor”, quizás debería conformarme con que ella se da cuenta de que no fue sobresaliente, asumo que ella supone que robar un formato hace que su presentación esté a la altura de la compañera que, tontamente, le regaló su trabajo. Yo ya no sé ni qué sentir, en realidad me parece tan triste que un estudiante universitario haga el mínimo esfuerzo y si no tiene una buena nota tras dar el mínimo, entonces quiera hundir a sus compañeros, es decir, o a todos les va mal o a todos nos va bien, aunque el esfuerzo haya sido diferente por parte de cada uno, era evidente que unos se esforzaron más que otros, pero de acuerdo con ella, la nota tenía que ser la misma. Supongo que esto es válido para algunas empresas, donde unos trabajan más que otros menos, pero todos ganan igual. Supongo que ella espera que el día de mañana en su carrera se le pague solo por asistir a su trabajo, sin que haga más esfuerzo que el de estar ahí (y además, fue la única estudiante que faltó a clases y faltó dos veces). Así que, cuando “trabaje”, asumo que se le pagará por “asistir” a su trabajo, hacer que los otros trabajen por ella (como lo hizo en la universidad) y aún será de las que se quejan porque gana menos que otra “compañera” que posee un título más alto, o que otra que asume mayor responsabilidad, pues su vida estudiantil parece haberle ensañado que no importa cuánto se “esfuerce” si sus compañeras la dejan participar de sus exámenes y trabajos, ella estará tan bien calificada como ellos. Por supuesto que yo le dije todo esto a ella, le dije que subir la nota de su presentación, era irrespetar a aquellos estudiantes que sí trabajaron, sin embargo, dudo mucho que esto le haya servido de algo. Qué lamentable, cómo hacer para que la gente entienda que las cosas se ganan, que las notas se ganan, que los salarios se ganan, que el respeto, también se gana, y en mi opinión, un estudiante así, no lo merece, como estudiante, claro está que en tanto ser humano es otra cosa. No me quiero excluir del problema, claro que también me siento responsable, claro que me he comido los sesos sintiéndome mal porque tal vez no supe cómo motivarla, sin embargo, en este caso en particular, siento que no toda la responsabilidad ha sido mía (creo que ni siquiera una gran parte), además del tema de no saber cómo motivar a esta estudiante, asumo la responsabilidad de no haber creado una estrategia evaluativa que pudiera burlar todo tipo de “ayuda” del grupo y dos, asumo la responsabilidad de no haber creado la conciencia en el grupo de lo que significa fomentar el mutualismo como estudiantes universitarios, lo intenté, pero no lo logré, de lo contrario, ella no habría sobrevivido y tal vez, asumo la responsabilidad por no haber empezado un engorroso trámite administrativo para denunciar a esta estudiante, sin embargo, no sé qué tan efectivo hubiera sido esto. Creo que los mismos estudiantes no deberían dejar que esta clase de parásitos se gradúen, porque seguirán siendo eso, parásitos y creo que es mi deber (y el de todos los profesores) generar esta conciencia en los estudiantes. Desearía mucho equivocarme, pero dudo que este tipo de estudiantes llegue a aumentar el estadio del conocimiento humano, dudo mucho que sean capaces de “formarse”, pues ya están deformados y lo que más me duele es que, aunque no digo que todos tengan un nivel tan bajo como esta joven en particular, sí veo una actitud generalizada, la preocupación no es saber, la preocupación es el promedio. Cuando uno se preocupa por la nota, solo por eso, la calidad pasa a segundo plano: la calidad del profesor, la calidad de la materia, la propia calidad del estudiante, de la Institución, etc. Creo que actualmente ya a nadie le importa el proceso, solo interesa el resultado, de seguir así, la educación formal no tendrá sentido.